Con una participación que no alcanzó ni el 50% del padrón de trabajadores, la imposición de la nueva representación sindical desata una ola de inconformidad y abre serias dudas sobre la validez democrática del proceso. La democracia se fundamenta en el peso de las mayorías, pero en los recientes procesos internos de COREMEX esa máxima
Con una participación que no alcanzó ni el 50% del padrón de trabajadores, la imposición de la nueva representación sindical desata una ola de inconformidad y abre serias dudas sobre la validez democrática del proceso.
La democracia se fundamenta en el peso de las mayorías, pero en los recientes procesos internos de COREMEX esa máxima parece haber quedado en el olvido. La reciente conformación e intento de imposición del nuevo comité sindical ha encendido las alarmas debido a las alarmantes cifras de abstencionismo que rodearon la votación. De acuerdo con reportes internos y quejas de los propios trabajadores, más de la mitad de la plantilla laboral optó por no participar o se vio marginada de un proceso que careció de la difusión y transparencia necesarias. Si el 50% de los trabajadores no emitió su voto, resulta matemática y políticamente insostenible afirmar que el nuevo comité cuenta con el respaldo legítimo de la base. Imponer una representación bajo estas condiciones es visto por muchos como un atropello a los derechos laborales básicos y un retroceso hacia las peores prácticas del viejo sindicalismo. Los empleados se preguntan legítimamente por qué la dirigencia encabezada por Miguel Meneses tiene tanta prisa en validar un órgano que carece del consenso de la mayoría. La falta de representatividad real genera un vacío de poder moral: un comité que nace de la indiferencia o la exclusión difícilmente podrá sentarse a negociar con la empresa con la fuerza que se requiere. Los trabajadores organizados exigen que se detenga cualquier intento de consolidar esta imposición y que se evalúe la necesidad de reponer el proceso bajo reglas claras, auditorías externas y una convocatoria abierta que garantice que cada voz sea escuchada y contabilizada de manera justa.
COREMEX no puede avanzar arrastrando el lastre de un comité cuestionado desde su origen. La insistencia en gobernar el sindicato de espaldas a la mayoría solo profundizará la división interna y debilitará la posición del gremio ante los retos laborales del futuro, dejando claro que el poder sindical no debe ser un cheque en blanco para unos cuantos.














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